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Tan simple y único como el ‘Carlito’:  el mítico sándwich creado en un bar santafesino

Fue inventado en 1953 por Rubén Ramírez, dueño de lo que fuera la chopería «Cachito», de Maipú y Pellegrini de la ciudad de Rosario.

Rosario brilla en todas partes por su riqueza cultural y deportiva, pero la gastronómica no se queda atrás: lleva la bandera con una creación tan simple y única, que es un clásico. Se trata del Carlito (sí, sin la «s» final, fiel a la pronunciación rosarina), un tipo de tostado cuyo toque distintivo estriba en la particularidad de llevar salsa ketchup junto al jamón y queso. Este mítico emparedado creado en 1953 por Rubén Ramírez, dueño de lo que fuera la chopería «Cachito» de Maipú y Pellegrini, lleva 70 años acompañando mesas de amigos, familias y encuentros. Desde 2014 es oficialmente patrimonio cultural de Rosario, tras una declaración del Concejo Municipal. Sobre la fecha de la creación hay varios grises, muchos lo ubican en los albores de septiembre, otros en octubre y también en noviembre.

La discusión por momentos en una charla cotidiana siempre ahondó por saber si llevaba manteca o mayonesa, pero la aclaración orgullosa de todo rosarino siempre fue la siguiente: el Carlito se hace con ketchup.

Lo que no deja lugar para la discusión de quienes atropellan con la engullida es la delicia irresistible que representa degustar el famoso sándwich rosarino. Los hay de pollo, especial, simple… en cualquiera de sus versiones se transforma en el padre de todos los sánguches para pelearle cabeza a cabeza ese cetro de popularidad al amable choripán.

Rubén Ramírez, el mentor de esta delicia

La escena transcurre durante una tarde de 1953. Ramírez está aburrido en la chopería familiar, la mítica Cachito de Pellegrini y Maipú. Empieza a jugar: jamón, queso, pan de sándwich y manteca. Ahí surge un rapto de lucidez. Una genialidad. Ese segundo que a uno, sólo a uno, lo convierte en “el elegido”. “¿Y si le agrego ketchup?”, se desafía. El aderezo es un pasaje –no tan directo, es cierto– a los manuales de historia de la cocina local. Primero lo prueba él. Después sus amigos. Un cliente, dos, cien. La idea empieza a correr. No hacen falta ni Facebook ni Twitter. Nada de selfies. El nuevo producto se promociona “de boca en boca”. Nunca mejor dicho.

En 2014, la por entonces intendenta Mónica Fein le entrega a Rubén Ramírez una plaqueta. Fue por una idea del ex concejal Carlos Comi quien propuso declarar al carlito patrimonio cultural de la ciudad.

En ese momento nadie sabe que lo espera la posteridad, pero igual hay que bautizar al nuevo producto. Ramírez piensa en su futuro hijo, que llegará seis años más tarde, y le pone “Carlito”. Así, sin S. El pequeño sí tendrá esa letra en el nombre, aunque ahora no importe tanto: todos lo llaman Charly. La Fundación Instituto Internacional de la Lengua Española (Fundéu) sugiere que lleve la S. Su creador clausura esa disputa con una explicación extraída de otro manual: el de la calle. “Sin S. Porque los rosarinos nos comemos la S”, explica Ramírez antes de lanzar una carcajada.

El Carlito especial «no es un Carlito»

Como otros ámbitos tales el fútbol y la política, en el ámbito culinario también existen los puritanos o fundamentalistas del Carlito quienes aseguran que la versión «especial» del sándwich «no es Carlito». «Será otra cosa, pero ya no un Carlito», sostienen, mientras otra facción carlitera afirma que se come con la mano, como la pizza, lo cual deja automáticamente fuera de juego a los cubiertos. Es lo mismo que pasa con la pizza y la empanada: por más exquisitas que sean, cortarlas con cuchillo y tenedor es un «pecado» y si el relleno se desliza, es porque algo falló», sentencian.

El Carlito especial tiene variantes y subvariantes que lo hacen también más atractivo y delicioso. Entre el universo indiscutible conformado por las fetas de jamón y queso o muzzarella suelen cohabitar trozos de pollo, lomo, morrones, aceitunas, cebolla, huevos cocidos o frito y hasta carne cortada a cuchillo. Y hay quienes hasta cometen la herejía de sazonarlo con mostaza además del condimento original.

Patrimonio cultural de Rosario

Desde 2014, el popular Carlito ya es parte del patrimonio cultural de Rosario, a partir de la iniciativa propuesta por quien entonces fuera el concejal de ARI, el radical Carlos Comi. «Fin de una historia y comienzo de otra. El Carlito ya es parte del patrimonio cultural y gastronómico de Rosario», celebraba por la red social Twitter el mentor de la iniciativa.

Si bien no está clara la fecha de origen, se estima -de acuerdo a su creador- que fue en el año 1953 y lo preparaba para agasajar a sus amigos en le popular bar «Cachito», de Pellegrni y Maipú. Sí es cierto que existe una semana del Carlito, en el marco del Día Mundial del Sándwich (3 de noviembre) en alusión al Conde del condado inglés homónimo cuya referencia data de 1762.

Por La Capital