2 de febrero de 2023

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Silvio Soldán: «El afecto de la gente en la calle es la mejor recompensa a mi carrera»

Alejado de los medios masivos de comunicación que lo llevaron al éxito, Silvio Soldán trata de pasar desapercibido sin dejar de lado sus pasiones que supieron acompañarlo a lo largo de su exitosa carrera profesional.

El reconocido locutor y conductor de televisión nació en el pueblo santafesino de Colonia Belgrano y antes de conocer las luces de Capital Federal, se crió y creció en nuestra ciudad de la cuál aún guarda imborrables recuerdos.

El famoso comunicador que supo instalarse en infinidad de hogares a lo largo y ancho del país durante décadas dialogó con Siesta Líder (Programa radial que se emite de lunes a viernes de 14 a 16 por LT9). En la extensa entrevista repasó innumerables historias de vida. «No se puede estar bien con esta cuarentena que parece eterna pero más allá de la situación que nos toca vivir estoy en un momento muy bueno de mi vida.

La pandemia me agarró solo y así sigo en casa desde hace más de 120 días, pese a ello uno vive con cierta comodidad con el respaldo de una buena casa pero hay tantas personas en el país que viven prácticamente en lugares muy primitivos, es una situación triste para ellos y es imposible pedirles que respeten cuestiones básicas que se exigen con la cuarentena. Es muy duro, por eso soy un agradecido por el buen pasar que me permite estar tranquilo», expresa en la charla mantenida con Hernán Díaz, Stela Córdoba y Juan Manuel Sánchez.

Silvio Soldán es una persona que hace todo lo que le gusta… Así un día escribió canciones que tuvieron gran éxito u llevó a la práctica sus propios poemas. Hizo cine y hasta cumplió el sueño de hacer teatro. «Lo que me propuse siempre intenté hacerlo y así un día descubrí la radio con «Matinata» en Radio El Mundo y luego con «Soldán Esquina Tango» en Splendid. Alguna vez vi una puerta muy pequeña que se abrió para hacer televisión y resulta que después esa puerta se hizo tan grande que me hizo popular casi sin darme cuenta.

El ingreso al mundo mágico de la televisión se dio un 9 de junio de 1960, ese día se inauguraba Canal 9. Hasta el momento solo existía Canal 7, que tenía una programación mala y la gente estaba harta de lo que veía. Canal 9 me contrató para hacer la publicidad de un chocolatín en uno de los programas. Les gustó lo que hacía y uno de los gerentes del canal me convocó a su oficina para ofrecerme realizar el lanzamiento de una hoja de afeitar apareciendo en cámara y eso fue un boom», relata un apasionado profesional de los medios.

Un paso por Santa Fe

De niño cantaba en un coro de iglesia, además de otros coros de escuela, eran tiempos donde sus sueños eran los de convertirse en cantante:  «Mi infancia fue en Colonia Belgrano, allí nací y me crié junto a mi familia. Es un lugar que guardo en el corazón. Mi papá era peón de campo y se la pasaba todo el año sembrando o levantando la cosecha y mi mamá era mucama. No abundaba el trabajo y tomaron la decisión de mudarse a Santa Fe cuando yo era un pibe. Fui único hijo y mis viejos siempre buscaron el progreso por mí, por eso terminamos en Buenos Aires.

En Santa Fe estudiaba en el La Salle Jobson, recuerdo el uniforme con un babero blanco. De allá extraño el cine Esperancino que estaba en Bulevar Gálvez y Marcial Candioti. Era un clásico ir a ver películas norteamericanas, principalmente eran series con un capítulo cada domingo.

No recuerdo cuestiones de niño relacionadas a los medios de comunicación, es más en mi pueblo tampoco había radio en casa. Era una cuestión de estatus tenerla y solo escuchaban el médico, el rematador de hacienda, el comisario, el farmacéutico y no muchos más.

De radios no conocía prácticamente nada pero hay un momento en mi vida clave y curioso estando en Santa Fe. Mi papá me lleva a un bar una tarde a tomar una Chinchibira y aparece un señor que dibujaba caricaturas y recorría las mesas ofreciendo sus servicios. Al llegar a la nuestra le dije que me dibuje con un micrófono, nunca supe por qué. Lo cierto es que me hizo una caricatura de frac levita frente a un micrófono, algo maravilloso. A ese dibujo lo tengo guardado con mucho afecto, incluso varias veces lo mostré en mis programas de televisión», cuenta.

Sus grandes éxitos

«A lo largo de mi carrera surgieron innumerables canciones o poemas escritos, películas hechas o trabajos en teatro y televisión. Pero si tengo que elegir cuestiones especiales que marcaron mi vida una es El Special, que fue un show que duró once años en la década del setenta por Canal 9. Allí pasaron los artistas y estrellas más importantes de la canción del mundo, por nombrar algunos Rita Pavone, Dyango, Mina, Nino Bravo, enormes estrellas de la época desfilaban por el escenario.

El Special quizás sea mi favorita pero completan el podio Grandes Valores del Tango y Feliz Domingo. Son tres hijos que no puedo dejar de amar. Estos dos últimos convivieron en la misma época. Fue un tiempo muy bueno desde lo personal y profesional. Gané mucha guita que también se me fue como agua entre los dedos.

Tuve mucha suerte, cada idea que se tiró en una mesa fue un éxito y los programas de televisión terminaban siendo muy vistos. No porque estaba en la conducción, sino el producto en sí que se armaba era excelente. El país entero miraba nuestros programas», sostiene en la charla con Siesta Líder.

Un programa hecho con amor

«Entre lo popular y exitoso de mi carrera está el famoso salto que hacía en Feliz Domingo cuando se abría el cofre de la felicidad. Todas las semanas iban 30 colegios. Llegaban al estudio los cursos a los gritos, como siempre. Eran jóvenes divertidos, con mucha potencia que se transmitía en el aire y te contagiaban. Un día llegan alumnos que no llegaban a diez y se notaba que eran de una escuela humilde.

Los miraba en la tribuna antes de comenzar con el programa y los veía tímidos, les costaba sumarse al resto de los colegios con cantos, saltos. Daba la sensación que se sentían menos al resto. Todos se divertían y ellos estaban solos en un rincón. Me dio mucha pena verlos y rogué que ganen porque no iban a poder realizar jamás el viaje a Bariloche por la pobreza que tenían.

El programa arrancó y los perdí de vista pero cuando llegó el final del día y van los chicos para hacer la fila e intentar abrir el cofre de la felicidad veo a uno de ellos en la cola y quedé helado. Otra vez arranqué para adentro pidiendo que ganen. Empiezan a pasar los pibes, ninguna llave abría, les llega el turno a ellos y la llave abrió. Fue tanta mi alegría que pegué un salto enorme. El director con mucha habilidad mandó en cámara lenta la repetición y parecía mucho más espectacular. Al otro día todos hablaban del salto de Soldán. Entendí que había que seguir haciéndolo y quedó como una marca registrada ese salto.

Donde voy hay alguien que me saluda o me indica de algo que vivió a través de los productos que durante años pude hacer. Lo que más se repite son los chicos de aquella época de Feliz Domingo que me cruzan y me dicen que estuvieron en el programa. Quedan buenas historias y lo más hermoso es el recuerdo de todos los contenidos que hicimos. Lograr entrar a un hogar, al corazón de una familia a través de un programa de televisión o por el medio que fuese, es la mejor recompensa a mi trayectoria», comentó en el final de la charla.