13 de julio de 2024

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Se cumplen tres años de la muerte de “Lole” Reutemann

Un recorrido por el lado humano del subcampeón mundial de 1981. Momentos que lo marcaron y su enorme legado que va más allá de no haber logrado el título de la Fórmula 1.

Reutemann antes de salir a pista en Buenos Aires 1974 (Archivo CORSA).

Bernie Ecclestone, el hombre que fue dueño de la Fórmula 1 por casi 40 años, definió a la categoría como una “picadora de carne”. En ese mundo en el que muchos se sacaron los ojos con tal de conseguir buenos resultados, Carlos Alberto Reutemann supo manejarse durante una década y salir indemne de esa “contaminación” más allá de ganar una carrera o un campeonato. En el tercer aniversario de su partida física, es bueno recordar su integridad y su ética, que estuvieron por encima de la gloria. Eso le permitió ser recibido tras su retiro con los brazos abiertos en las escuderías que corrió y en todo el ambiente de la Máxima.

A Reutemann nadie le regaló nada. Desde hacer cinco kilómetros a caballo para ir a una escuela rural a entrenarse al lado del Río Salado con un auto junto a su hermano en plena adolescencia. De sus días en el campo de Manucho, en Santa Fe, a vivir en Cap-Ferrat en la Costa Azul francesa. Pero nada cambió sus bases y siempre mantuvo su cordialidad, respeto y profesionalismo, que, sumado a su talento, hicieron que fuera un ejemplo de deportista.

Su campaña no debe resumirse al subcampeonato mundial y a aquella dolorosa definición en Las Vegas 1981 cuando perdió el título a manos de Nelson Piquet. No fue solo el corredor metódico cuya sensibilidad le permitió ser quizá el mejor de su época a la hora de poner a punto un auto. Detrás de toda su obsesión por la perfección hubo un hombre con valores y principios elogiables. Esas bases arrojaron algunas historias arriba y abajo del auto.

El primer contacto de Reutemann con los autódromos europeos era a pie (Archivo CORSA).

1. Todo por correr afuera. “Llevaba su nacionalidad con mucho estilo y mucha dignidad”, le recordó Sir Jackie Stewart en una entrevista con Infobae. Para Lole, representar al país fue lo máximo y se sacrificó para poder llegar a la F1. “En 1970 en la Argentina se ganaba buena plata. En el Sport Prototipos, los pilotos cobraban muy buenos sueldos. Ellos sacaban por mes lo que yo a duras penas pude ganar en un año en Europa. Recuerdo que a fines del año 1970 me vine de Europa con 1.200 dólares. Hasta en determinado momento pasaba hambre”, confesó.

2. Reconocimiento a pie. Hoy pilotos conocen los circuitos primero en un simulador y en su época los pilotos tomaban contacto con la pista arriba de un auto particular. Carlos era más detallista y en sus primeros tiempos en Europa lo hacía a pie, con frío, lluvia, calor, no importaba la condición climática. Recorrer cada metro caminando le permitió acceder a mayores detalles para poder tener mejores herramientas a la hora de subirse a un auto de Fórmula 2, sus primeras máquinas en el Viejo Mundo.

3. Más allá de Ferrari. La Scuderia es el sueño de todo piloto por su culto popular y todo lo que significa. Pero las relaciones humanas pudieron más para Carlos. “En el ‘78 gané cuatro carreras y cuando volvía al box veía caras largas”, reconoció en diálogo con Gran Premioweb. Aunque dejó su sello en Maranello y en 1991 lo recibieron con los brazos abiertos. Cuatro años más tarde lo homenajearon con un gesto que también tuvo un fin benéfico, ya que le trajeron una 412 T1 de 1994 para que girara en el Autódromo de Buenos Aires cuando retornó la F1 a la Argentina en un marco muy emotivo. En 2004 regresó a Fiorano (circuito de pruebas de Ferrari) y manejó un auto similar al que Michael Schumacher usó para ganar su séptimo título.

Colin Chapman, el dueño de Lotus, y Carlos Reutemann en 1979. Lole perdió plata para rescindir su contrato y pasar a Williams (Archivo CORSA)

4. Perdió plata por pelear un título. En 1979 pasó a Lotus que arrasó el año anterior, pero luego su auto no respondió. Recibió la oferta de Williams, que con su FW07 mostró un coche ganador, aunque debió rescindir su contrato de tres años con Lotus. Fue una larga reunión en noviembre de aquel año entre las partes y sus abogados que arrancó a la mañana y terminó a altas horas de la noche. Tuvo que pagar cláusulas, perdió mucho dinero para poder pasar al equipo del momento. Cedió en lo económico con tal de pelear por un título.

5. ¡Grande, Pa! “Recuerdo cuando nos quedamos tres días sin baterías en un islote en el Paraná con un temporal. Estábamos en una lancha. Creo que fue en 1978 o antes. Tengo un recuerdo muy vivo de todo. Papá como siempre fue muy valiente y en esa época corría para Ferrari”, contó Cora Reutemann, hija del Lole.

6. Lágrimas ante una multitud. Debutó en Williams en el Gran Premio de la República Argentina de 1980 y hubo mucha expectativa. Peleó por la punta de la carrera hasta que tras intentar superar a Piquet se pasó en la chicana de Ascari y los radiadores se llenaron de pasto, el motor se recalentó y abandonó. Se bajó de auto y se sentó al lado de la rueda trasera. Hubo quienes se acercaron para darle su apoyo, pero no, Lole estuvo desconsolado. Giró su cabeza hacia la derecha, aceptó una gorra que luego la usó para secarse sus lágrimas. Fue puro y no ocultó sus sentimientos. Se quebró. Su llanto fue largo, sin tapujos, ni vergüenza para descargar su bronca. Es que Reutemann, por unos minutos, fue elocuente con su lamento que congeló a una multitud más allá de la alta temperatura. La impotencia fue inimaginable. Su dolor incalculable porque jugó uno de sus últimos cartuchos para ganar ante su gente.

7. La amistad. Es muy difícil tener amigos en la F1 porque es un ámbito muy competitivo, aunque forjó un gran vínculo con Gilles Villeneuve, otro que tuvo muchos códigos y a quien le brindó un consejo en plena definición del campeonato de 1979. “Cuando (Lole) se va de Ferrari le dijo a Gilles ‘en las primeras carreras pisá a ‘sexta’, comele la cabeza a Jody Scheckter (campeón de F1 en 1979), si no te la van a comer a vos’. Tres años más tarde, cuando fue la huelga de pilotos en Sudáfrica (1982), un día a las dos de la madrugada, estaba durmiendo, siente que le golpearon el colchón y era Villeneuve. Lo despertó y le dijo ‘Carlos, vos tenías razón, me jodieron’. Lole lloró mucho su muerte. Días después lo llamaron de Ferrari para que lo reemplazara y él respondió ‘gracias, pero era el auto de mi amigo y no lo voy a correr’”, recordó su hermano Enrique en una entrevista.

Gilles Villeneuve y Carlos Alberto Reutemann. Corrieron juntos en Ferrari. Lole dijo que fue su mejor compañero (Archivo CORSA).

8. Juego limpio. En la última carrera de 1981 su Williams tuvo mermas en el rendimiento, terminó octavo y el quinto puesto de Piquet le alcanzó para ser campeón. Cuando Lole fue superado no fue al roce con el brasileño. Nunca fue una carta para él y menos en el punto más álgido del campeonato. No se hubiese perdonado definir el título con una maniobra fuera de reglamento. No obstante, ese certamen comenzó a perderse mucho tiempo antes y por una serie de razones.

9. Búsqueda de la verdad. En diciembre de 2006 un encuentro con Sir Frank Williams le permitió a encontrarle respuesta a una serie de episodios que impidieron su consagración en 1981. El cruce fue en Inglaterra, donde Lole había viajado para recibir un premio de la revista Autosport.

FW: “¿Cómo anda todo por la Casa Rosada?

CR: “Bien, bien… Frank, ¿por qué cambiamos de Michelin a Goodyear a mitad de camino aquel año? Sumé 37 puntos con Michelin y sólo 12 con Goodyear. No lo entiendo”.

FW: “Creo que fue una cuestión política. Ecclestone pensó que era mejor usar Goodyear porque Michelin favorecía a Renault”.

CR: “¡Claro que era mejor para Brabham (escuadra propiedad de Ecclestone y que tenía a Nelson Piquet como piloto) que nosotros usáramos Goodyear! Desde el momento en que cambiamos dejamos de ser rápidos...”

“El campeonato se fue escurriendo por una confusa mezcla de acontecimientos absurdos: el no reconocimiento de los puntos del GP de Sudáfrica, en la prohibición a último minuto de los difusores flexibles (que generaban el “efecto suelo”), en el cambio a Goodyear. En los cruciales e inexplicables problemas del motor…”, analizó luego Reutemann, quien después de 25 años logró que Williams le brindara las explicaciones que se merecía.

10. Palabras de fuego. Tenía una gran capacidad de resumen y análisis. En una entrevista con Eduardo González Rouco (Carburando) en 1997, dejó esta imperdible reflexión: “La Fórmula 1 que yo viví es un laberinto. Desde arriba es muy fácil verlo, porque uno sabe a dónde debe ir. En la F1 uno se mete en un laberinto y en aquella época tenía el éxito, la fama, la plata y la muerte. Y también el quedar parapléjico o el Campeonato Mundial. Y ahí entramos todos. Algunos murieron, otros están parapléjicos, otros fueron campeones, otros quedamos con vida y tampoco gané el campeonato, pero la historia es así. En la vida yo conseguí muchísimo. Cuando crucé en Las Vegas dije ‘soy un tipo que tuvo mucha suerte’ y ser campeón hubiese sido demasiado”.

Carlos siempre atendió el teléfono y si no podía responder en el momento, devolvió el llamado o mensaje. En esas ocasiones estuvo dispuesto y charló sin reparos. Una vez que ponía primera en una entrevista su pasión por el automovilismo lo llevaba a brindar un tsunami de detalles, como si todo hubiese pasado ayer. Una muestra de su entereza.

El día que rompió en llanto ante 80 mil personas tras abandonar en Buenos Aires en 1980 (Gentileza Alejandro de Brito)

En su campaña en la F1 obtuvo 12 victorias puntuables, seis poles positions y récords de vuelta, y 45 podios sobre 146 carreras (uno cada tres competencias). En diez años acumuló más de 300 puntos, cifra que, en un mismo período e igual sistema de puntaje, sólo la superó Jackie Stewart. Es el único piloto en haber hecho podios en la F1, el Mundial de Rally y el de Endurance, en su época el de Sport Prototipos.

Luego de vencer en Mónaco en 1980 y ser tercero en Bélgica, continuó una racha de 15 carreras seguidas en las que sumó puntos en 1980 y 1981, un récord que recién batió el alemán Michael Schumacher entre 2001 y 2003 con una cosecha al hilo en 24 competencias y con el mejor auto de esos años como la Ferrari.

Reutemann fue uno de los mejores deportistas argentinos en la historia. En una época sin redes sociales ni seguidores virtuales, ni tendencias; en el mundo real Carlos dejó un sello. Su nombre es sinónimo de respeto en el ambiente internacional. La persona trascendió al deportista y a tres años de su partida física, Lole dejó un legado más importante que el haber sido campeón.

Por Darío Coronel / Infobae