Desde el domingo 13 hasta el domingo 20 de abril, millones de católicos en todo el mundo se sumergen en la celebración de la Semana Santa.
Es un tiempo marcado por la reflexión y la espiritualidad, pero hay una práctica que atraviesa la mesa de todos los hogares: la abstinencia de carne roja, especialmente este Viernes Santo.
El origen del sacrificio
Para el mundo cristiano, el Viernes Santo es un día de duelo profundo. Se conmemora la crucifixión y muerte de Jesús. No comer carne no es un simple capricho gastronómico; es un acto de penitencia y humildad.
Históricamente, la carne roja era un alimento costoso y asociado a los banquetes. Al evitarla, los fieles practican la austeridad para honrar el sacrificio de Cristo.
Además, en la simbología religiosa, la carne de vaca representa el cuerpo herido de Jesús en la cruz.

¿Qué se puede comer y qué no?
Según las especificaciones de la Iglesia y un documento del Papa Pablo VI, la palabra «carnis» se refiere exclusivamente a la carne de mamíferos y aves. Esto deja la puerta abierta a otras opciones que se volvieron clásicos de esta fecha:
Pescado: es el reemplazo por excelencia. En tiempos de Jesús, no era considerado un lujo y, por lo tanto, encaja con el espíritu de sencillez.
Pastas y vegetales: son las opciones preferidas para quienes buscan evitar cualquier tipo de carne.
Legumbres: ideales para mantener la saciedad durante el ayuno o la abstinencia.
Una tradición que cruza fronteras
Esta costumbre no es exclusiva de la Argentina. Países como España, Italia y gran parte de Latinoamérica mantienen la tradición de reemplazar el asado por las empanadas de vigilia o el bacalao.
Muchos fieles, incluso, extienden este compromiso durante todos los viernes de la Cuaresma, los 40 días previos a la Pascua, como una forma de preparación espiritual para la revelación final.