Una recorrida por registros históricos de la provincia y de la Universidad Nacional del Litoral permite reconstruir el origen de varios de los nombres más particulares de Santa Fe.
Venado Tuerto: el nombre de un animal que terminó identificando a una ciudad
Ubicada en el departamento General López, fundada en 1884. El nombre viene de la laguna El Hinojo y la leyenda de un venado al que le faltaba un ojo que aparecía cerca de un fortín y anunciaba malones. Durante una cacería fue muerto y la laguna tomó su nombre. Eduardo Casey escuchó la historia en la década de 1880 y la usó para el pueblo que proyectaba.
Gato Colorado: cerca del límite con Chaco
Dentro del departamento 9 de Julio, sobre el límite con Chaco. Es una de las localidades más norteñas de la provincia.
El nombre es uno de los más llamativos de la provincia porque originalmente la zona era conocida con otra denominación.

Los registros históricos de la Universidad Nacional del Litoral reconstruyen que durante la década de 1930 comenzó a hacerse popular un almacén atendido por un inmigrante sirio-libanés que tenía el cabello rojizo. Los habitantes de la zona lo apodaban “el Gato Colorado” y el comercio terminó siendo conocido como “El bar del Gato Colorado”.
Con el paso del tiempo, el nombre del establecimiento se extendió al territorio que lo rodeaba. La denominación terminó consolidándose y posteriormente fue reconocida oficialmente.
Así, lo que comenzó como el apodo de una persona terminó convertido en el nombre de una localidad santafesina.
Pozo Borrado: un nombre relacionado con el agua
Ubicada en el departamento 9 de Julio. Nace con el tendido del ferrocarril Tostado – General Pinedo en 1935 (Ferrocarril General Belgrano). El nombre ya existía antes. Hay dos versiones: una dice que pobladores originarios taparon un pozo de agua dulce al ver acercarse a soldados europeos, cayó un caballo y dejaron la maldición de que el agua se volvería salada. La otra, la más citada como oficial, habla de un explorador, Julián Hernández, que mandó cavar un pozo para animales, se fue al norte y al volver encontró un yeguarizo muerto adentro, por lo que mandó a taparlo: Pozo Borrado.
Tostado: dos explicaciones para un nombre conocido
Cabecera del departamento 9 de Julio. Una versión habla de un caballo de pelaje tostado perdido tras un enfrentamiento entre aborígenes y militares. Otra lo vincula al color de los pastizales después de un incendio. El nombre ya se usaba antes del ferrocarril, y la estación tomó el nombre de El Tostado.
Huanqueros: una palabra de origen quechua
En el departamento San Cristóbal. El pueblo era Pueblo La Verde. En mayo de 1891 se autorizó la Parada Km 235 por la línea San Cristóbal – Tucumán de la compañía francesa. En 1912 la parada fue reemplazada por la Estación Huanqueros. Según la UNL, huanqueros deriva del quechua y refiere a una avispa abundante en la región. Recién en 1960 tomó oficialmente el nombre actual.
Capivara: el carpincho también dejó su huella
En el departamento San Cristóbal, sobre la Ruta Provincial 13. Capivara deriva de una palabra de origen guaraní para nombrar al carpincho. Comenzó a formarse a fines del siglo XIX y el nombre es una referencia directa a la fauna y una huella lingüística de los pueblos originarios.

Malabrigo: dos nombres para una misma colonia
En el departamento General Obligado. La estación ferroviaria fue denominada Malabrigo a fines del siglo XIX. Poco después, Federico Carlos Sigel fundó una colonia que llamó Colonia Ella, en homenaje a su hija. Convivieron ambas denominaciones hasta que por Ley N° 5700 del 24 de octubre de 1964 se estableció definitivamente Malabrigo, nombre que ya usaba la gente. El arroyo Malabrigo figura así desde antes de la fundación de Santa Fe en la cartografía jesuítica.
Fighiera: el apellido detrás de una localidad santafesina
En el departamento Rosario, sobre el río Paraná. Vinculada a Félix Fighiera, arquitecto inglés relacionado con las obras ferroviarias. El ferrocarril fue clave para su crecimiento como punto de conexión.
Berabevú: el nombre de una planta
En el departamento Caseros se encuentra Berabevú.
El nombre tiene un origen vinculado con la vegetación característica de la zona. Los registros históricos de la Universidad Nacional del Litoral identifican “berabevú” como el nombre de un arbusto nativo que crecía en el territorio.
La localidad se desarrolló durante el proceso de colonización agrícola y expansión ferroviaria de fines del siglo XIX y comienzos del XX.
Así, a diferencia de nombres que recuerdan a personas o hechos históricos, Berabevú conserva en su denominación una referencia directa al paisaje vegetal que existía antes de la consolidación de la población.

Fighiera: el apellido detrás de una localidad santafesina
Fighiera está ubicada en el departamento Rosario, sobre la costa del río Paraná.
En este caso, el nombre no proviene de un animal, una planta ni un accidente geográfico.
La localidad quedó vinculada con Félix Fighiera, un arquitecto inglés relacionado con las obras ferroviarias de la región.
La llegada del ferrocarril fue fundamental para el crecimiento del asentamiento, que funcionó como punto de conexión para el traslado de personas y de producción agrícola.
El nombre terminó así asociado a uno de los protagonistas de la expansión ferroviaria que modificó profundamente la organización territorial de Santa Fe.
Logroño: un nombre español que llegó al norte de Santa Fe
Logroño está ubicada en el departamento 9 de Julio, al sur de Tostado.
Su denominación está relacionada con la inmigración europea. De acuerdo con los registros históricos de la Universidad Nacional del Litoral, Domingo Barrenechea y Gonzalo Sáenz, vinculados con los primeros pobladores del lugar, provenían de Logroño, en España.
El nombre fue trasladado al nuevo asentamiento y quedó incorporado a la geografía santafesina.
Es otro ejemplo de cómo la inmigración no solamente transformó la producción y la composición de las comunidades, sino también los nombres con los que fueron identificados los nuevos pueblos.
Cañada Rosquín: un nombre tomado del territorio
Cañada Rosquín está ubicada en el departamento San Martín.
La localidad comenzó a formarse hacia fines del siglo XIX y recibió su nombre de una cañada existente en la zona.

Los registros históricos de la Universidad Nacional del Litoral señalan que ese curso de agua era utilizado como referencia y refugio por los habitantes originarios del territorio.
Como ocurrió con otras poblaciones, la llegada de colonos, el crecimiento de la actividad agrícola y la expansión ferroviaria transformaron el lugar, pero el nombre relacionado con el paisaje permaneció.

La particularidad de los nombres no es exclusiva de Santa Fe. En otras provincias argentinas también existen localidades con denominaciones que despiertan curiosidad.
Uno de los ejemplos es Monte Quemado, en Santiago del Estero. La localidad se encuentra en el departamento Copo y su nombre está asociado históricamente al paisaje de monte de la región.
Otro caso conocido es La Quiaca, en Jujuy, una ciudad ubicada en el extremo norte argentino y vinculada históricamente con la frontera con Bolivia.
También aparecen nombres como Salsipuedes, en Córdoba, y Río Tercero, también en esa provincia, que forman parte de la particular geografía de nombres del país.
Sin embargo, Santa Fe tiene una característica propia: en una misma provincia conviven denominaciones relacionadas con animales, vegetación, lenguas originarias, accidentes geográficos, inmigrantes y el ferrocarril.
Desde Venado Tuerto hasta Gato Colorado, pasando por Pozo Borrado, Huanqueros, Capivara, Tostado, Malabrigo, Cañada Rosquín, Berabevú, Fighiera y Logroño, los nombres permiten reconstruir distintas etapas de la historia provincial.
Algunos tienen una explicación documentada; otros conservan versiones transmitidas durante generaciones. Pero todos muestran que los nombres de los pueblos no son simples palabras en un mapa: muchas veces son pequeños fragmentos de la historia de los lugares y de las personas que los habitaron.