“Más Estado, menos mercado: ese es el rumbo que sigue el mundo. La Argentina va a contramano”, sostiene el autor y agrega que crecen los rumores y la búsqueda de alguien que pudiera darle continuidad al libertarismo, pero con un gatopardo.
Un “cisne negro” es un evento poco previsible, pero que termina arruinando las expectativas más halagüeñas. “Venía pisteando como un campeón…”, “Pasaron cosas…”, explicaciones populares para aquello que sorprende al confiado y justifica el fracaso, evocan eventos como el cisne (blanco) que se atraviesa en el camino de las esposas de los protagonistas de Zoo, de Greenaway, y desencadena una reconfiguración completa de sus vidas.
Algo que suele pasar cada dos por tres en nuestro país. Por eso, en estos días, más de un observador intenta hacerle comprender a Javier Milei que esta calma chicha cambiaria puede ser desafiada por un ave presta a la poesía y la danza, enamoradiza y de oscuras plumas, proveniente quién sabe de dónde.
No obstante, la novedad de las últimas semanas consiste más bien en el agotamiento de los consejeros, que han tomado conciencia de que el único capital que poseía Milei, la paciencia social, se está agotando. Bien tarde se dieron cuenta, porque el presidente podría ser considerado, más que un león, un rinoceronte gris: una amenaza evidente, que todos ven venir, pero se niegan a enfrentar.
Como dijimos aquí hace más de dos años, Milei es un rey desnudo en un país donde muchos fingen demencia. Por cordura recuperada o por baño de realidad, en el “círculo rojo” no son pocos los que han retomado la búsqueda que se aceleró entre setiembre y octubre de 2025, cuando parecía que el Javo se caía como un piano: alguien que pudiera darle continuidad a un mileísmo sin Milei, un gatopardo.
Esta idea ronda más de un “quincho” político, azuzada por los evidentes disparates de un gobierno que estaría a la deriva si no fuera por el equipo económico, el único elemento estable en un “arca” en el que todo empieza a crujir.
“El rumbo está bien”, se escucha repetir aquí y allá entre quienes alientan a un “gato” que debería salir de la sombra (Macri), o a una camaleónica personalidad cuyo rasgo más saliente es el saltar siempre a tiempo de la debacle del ocasional conjunto político que momentáneamente la cobija (Bullrich). O a los que podrían arrimarse al centro desde una supuesta izquierda (Kicillof) o que representen lo mismo, pero con ropaje justicialista (Uñac).
No faltan los “outsiders” de siempre: un pastor, un dueño de multimedios, un banquero, un economista con voz de gallo Claudio. Una fauna variopinta que por ahora no suma.
Como sea, el punto de partida es falso. No es el conductor. El problema es que el rumbo está mal. Más rápido o más lento, a un país que solo tiene agro, minería y petróleo, le sobra la mitad de la población. A uno que espere que un denso tramado industrial eficiente y dinámico va a brotar solo de la iniciativa privada, también. Más Estado, menos mercado: ese es el rumbo que sigue el mundo. La Argentina va a contramano.
Por Eduardo Sartelli – director del Centro de Estudio e Investigación en Ciencias Sociales (CEICS)