2 de febrero de 2023

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Jorge Formento: «Soy un enamorado de la comunicación»

La voz y el rostro de Jorge Formento están asociados a la imagen televisiva de Canal Nueve en los años del «zar» Alejandro Romay. Fue una de las figuras de su noticiero y acompañó con gran profesionalismo a Berugo Carámbula y, sobre todo, a Silvio Soldán en el popular Feliz domingo .

Nacido en el porteño barrio de San Telmo se inició en los medios como voz de locución comercial, locución deportiva, conducción de programas y labor informativa en distintas emisoras de AM hasta lograr llegar a ser uno de los locutores en Canal Nueve convirtiéndose en una de las voces características de ese medio y así iniciar un camino que lo catapultó al reconocimiento popular.

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Con casi 40 años de profesión activa dialogó con el programa radial «Siesta Líder», que se emite de lunes a viernes de 14 a 16 por LT9, donde repasó diversas cuestiones relacionadas a su profesión. «Un 31 de diciembre de 1984 debuté en un medio de comunicación. Tuve que pagar derecho de piso y me tocó hacerlo de 20 a 2 de la madrugada del primer día de 1985.

Fue la primera vez que me enfrenté a un micrófono y apenas un puñado de oyentes me escuchó, era mi familia. Eso fue en radio Buenos Aires. Hacía pocos días me había recibido de locutor y el jefe del área de la emisora me dijo que si andaba bien esa noche seguía trabajando y le gustó porque continué con la actividad. Así arrancó mi historia.

Ser locutor no es simplemente tener una buena voz. Hay que estudiar, prepararse y sobre todo lograr que sienta algo la persona que está escuchando del otro lado. La voz es un instrumento, mi preocupación siempre fue que esa palabra que expresaba esté cargada de emoción y tocar el corazón del oyente, eso es lo esencial de mi laburo. Puedo ser un locutor perfecto pero si no transmito un mensaje, estoy al horno», expresa Formento en diálogo con Hernán Díaz, Stella Córdoba y Juan Manuel Sánchez.

Inicios

«Nunca imaginé que iba a vivir de la locución. Era un apasionado por la radio, escuchaba a todos porque la radio siempre fue mágica para mí. Andaba desorientado por la vida, algo tenía que estudiar y no sabía qué.

Mi fanatismo  por Boca Juniors me hizo pensar en estudiar periodismo deportivo. Un tío que era periodista y trabajaba en Diario La Razón me dijo que siga locución. No sabía que había una carrera para eso y al tiempo me di cuenta que estaba bueno lo que había elegido y me fui enamorando de la comunicación.

Si bien mi camino fue con la radio, la popularidad llegó de la mano de la televisión. Siempre dije que un año en TV es igual a diez haciendo radio. Pero una radio siempre me dio intimidad. A través de una emisora se puede llegar más profundamente a un oído, la televisión muchas veces es un mueble más de una casa. Está encendida pero pocas veces se detiene uno a prestarle una atención superlativa. En cambio, una radio es el único nexo que tiene un enfermero que está de guardia, una persona en una cama sola, en fin, en diversos rincones está sonando esa magia que envuelve tantas historias anónimas.

Uno descubre eso con el paso del tiempo y mucho más cuando de repente te para alguien y te dice «me acompañaste en determinado momento». Uno no se imagina hasta donde puede llegar. Eso es lo lindo del medio radial, que es infinito, es más a domicilio, personalizado. Al público uno lo conoce más por la radio que haciendo tele.

La televisión me permitió entrar sin permiso a los hogares y eso es muy bueno. Tuve la chance desde un inicio de trabajar con grandes maestros y enormes productos que me generaron aprender, equivocarme y salir de esos errores con sonrisas y en ese caso me ayudó mucho Feliz Domingo que era algo sin maquillajes y con el apoyo enorme de los chicos que te empujaban a estar siempre bien arriba y la pasamos muy bien. Nunca sentí los nervios de saber que detrás de cámara había cientos de familias mirándonos», cuenta Formento.

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Un camino

«Desde que arranqué venía de radio en radio hasta que un día descubrí que se ganaba más plata en televisión. Se cumplía un turno haciendo voz en off en las tandas publicitarias. Me anoté en los canales de la época y en Canal Nueve no sólo me tomaron los datos sino que a los dos días me llamó la jefa de locutores para decirme que tenía que hacer una prueba.

La hice y me avisan que Alejandro Romay me quería ver. Fui al encuentro y nunca tomé conciencia de estar frente al «zar» de la televisión. Para mí era una posibilidad laboral pero no tenía idea quién era realmente Romay y doy gracias a Dios que así pasó porque me hubiesen temblado las piernas.

Arranqué haciendo las promociones de los distintos programas del canal. Eran 40 minutos por día, grababa la voz de las tandas y ganaba más que en seis horas diarias de radio. Era maravilloso.

Al poco tiempo hubo una prueba en cámara y me animé, era para el noticiero del Nueve y de ahí pasé por Atrévase a Soñar y la posibilidad de Feliz Domingo. Jamás me propuse nada dentro del canal. Fui porque ganaba más guita que en radio y cada programa que estuve fueron puertas que se abrieron sin darme cuenta. Miraba Feliz Domingo en casa y de golpe estaba en el estudio como uno más y lo tomé con total naturalidad.

Mientras estudiaba me ganaba unos mangos de preceptor en una escuela entonces no me costó hacer Feliz Domingo porque tenía trato con los chicos, era habitual para mí. Feliz Domingo era prolongar lo que hacía en el colegio con la diferencia que había cámaras. Se trabajaba con mucha tranquilidad, no estaba la locura del rating y el miedo de perder el trabajo a la semana siguiente. El maldito minuto a minuto para mí es un espanto, una aberración total. Así están las cosas pero lamentablemente hay que adaptarse a los tiempos que corren».

Otra vuelta

«No hay cosa más linda en la vida que una persona te salude o te diga que estuvo en Feliz Domingo. A veces voy con mi hijo más chico y me queda mirando cuando la gente me grita y trato de explicarle que el medio, donde siempre estuvo el viejo, tiene esas cosas lindas de recibir un afecto cuando uno, de alguna manera supo transmitir algo que llegó a lo más íntimo de alguien y esas cosas emocionan. Todavía se me caen las medias ante este tipo de manifestaciones.

No hay cosa más maravillosa que comunicarse. No solo es importante hablarle al otro, sino que además hay que tener la capacidad de saber escuchar que es lo que hace falta en estos tiempos. Los chicos, la juventud, todos en diversas etapas debemos meterle para adelante en lo que nos guste. Siempre digo que con responsabilidad hay que hacer lo que a uno lo hace feliz. Hay que intentar siempre en la vida lo que uno quiere, independientemente del resultado. Nadie debe quedarse con la intriga. Y al que le gusta comunicar, que le meta, me lo agradecerá con el tiempo», comentó en el final de la entrevista.