29 de febrero de 2024

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Facundo Ahumada, el “superdonante” de plasma argentino

Facundo Ahumada tiene 27 años y nació en Catamarca. Actualmente, es estudiante de la carrera Administración de Empresas en la Universidad del Salvador (USAL) y trabaja como empleado de informática de la Fuerza Aérea Argentina. Además, es fotógrafo freelance.

Tras su regreso de Europa, no hubo besos ni abrazos con sus padres, mucho menos tiempo para tomar mates y contarles anécdotas del viaje. Tampoco hubo asado de reencuentro con su grupo de amigos, ni brindis de bienvenida. Luego de aterrizar en el Aeropuerto de Ezeiza, un día antes de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara al COVID-19 como pandemia, Facundo Ahumada decidió confinarse en la habitación de su casa, ubicada en el barrio de Olivos (Provincia de Buenos Aires).

Durante treinta días, el fotógrafo de 27 años estuvo de recorrida por el viejo continente. Llegó a Madrid el 8 de febrero y volvió el 10 de marzo. “Fui a cubrir el famoso Rally de Suecia y, después, aproveché para vacacionar y reencontrarme con amigos”, apunta Ahumada. “Era la primera vez que viajaba solo. Fui a cumplir el sueño de mi vida: soy fanático de los autos desde que tengo 4 años. Estuve en Noruega, Finlandia, Holanda, Bélgica y España donde, al momento de mi regreso, ya había más de cinco mil casos activos de coronavirus”, agrega el joven.

Después de cuatro días, recuerda, empezó a levantar temperatura. “Me desperté a las 2 de la madrugada con mucho dolor de cabeza. Me tomé la fiebre y tenía 37.7. Llamé al 148, pero en ese momento, hacía falta tener otros síntomas para ser sospechoso de COVID-19, como por ejemplo, tos y dificultad para respirar, cosa que a mí no me sucedía”, explica Facundo.

El 17 de marzo, decidió ir al Hospital Militar. “Me hicieron un hisopado para gripe común que dio negativo. Ahí me trasladaron al séptimo piso, donde estuve aislado en una habitación. A la mañana siguiente me practicaron un segundo hisopado que mandaron a analizar al Instituto Malbrán. A las 48 horas me confirmaron que era positivo de COVID-19”, cuenta.

“¿Qué hacés ahí?”, le preguntaron sus amigos cuando Facundo se conectó a la videollamada que tenían pautada. “Tengo COVID-19″, les contestó Facundo. “No lo podían creer”, repasa Ahumada y trae a colación el famoso asado al que lo habían invitado cuando llegó de Europa. “Hubiera generado una ola de contagios”, dice.

Tras el alta médica Facundo regresó a su casa y prefirió seguir aislado en su habitación. “Me sentía bien, pero con una especie de ‘resaca’ del virus. Tenía una congestión nasal y mucho cansancio”, recuerda acerca de los primeros días de abril. Unas semanas más tarde, en medio de los llamados de seguimiento que le hacía un infectólogo, recibió una propuesta para donar plasma.

Luego de su primera donación, Ahumada fue contactado nuevamente. “Al principio me asusté, pero después entendí que era una gran noticia”, cuenta acerca la novedad que recibió en aquel llamado. Según Facundo, los médicos le detectaron una cantidad de anticuerpos neutralizantes cuatro veces mayor que a otros donantes.

“Ya se envió una muestra a la Universidad de Córdoba para que sea estudiada, a ver si puede servir para generar un tratamiento capaz de ayudar a superar la enfermedad a las personas que no logran generar las defensas suficientes desde su propio sistema”, dice el joven que destina parte de su plasma a la Fundación Infant, una fundación sin fines de lucro encabezada por el doctor Fernando Polack.

Acerca de la condición de “Superdonante” de plasma de ahumada, el médico Miguel Buezas explica que no todos los pacientes con COVID-19 generan anticuerpos medibles para extraer plasma. “Por lo general, de diez, solo tres o cuatro tienen anticuerpos. En el caso de Facundo, la cantidad es abismal. Y no solo eso, también logró mantener los anticuerpos durante mucho tiempo”, sostiene Buezas.

Cada donación de plasma dura casi una hora y media. El proceso, denominado aféresis, permite separar el plasma de la sangre y devuelve glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas al torrente sanguíneo. “Es un tratamiento seguro y nada doloroso, salvo por el pinchazo inicial”, sostiene el joven, que ya lleva realizadas tres donaciones. Es muy lindo saber que puedo salvarle la vida a alguien”, asegura.

El pasado 3 de julio, Facundo celebró su cumpleaños número 27 junto a sus padres. Hubo torta, vela, brindis pero, fundamentalmente, hubo abrazos. “Fue el mejor regalo. Si algo me enseñó todo esto es que hay que vivir la vida al máximo y no quedarse con las ganas de nada”, cierra Facundo.