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El poema que Julio Migno le dedicó a Monzón tras el nocaut a Benvenuti

La historia del boxeo argentino está llena de momentos míticos: la pelea de Luis Ángel Firpo con Jack Dempsey en 1923, la consagración de Pascual Pérez como primer campeón mundial en 1954, la exhibición defensiva de Nicolino Locche ante Takeshi Fuji en 1968 y los dos duelos del «Chino» Maidana con Floyd Mayweather en 2014.

Pero si hubiera que seleccionar una que establezca un vínculo entre esa disciplina y la historia de la provincia de Santa Fe, sin duda sería el 7 de noviembre de 1970, cuando Carlos Monzón, de 28 años, noqueó a Nino Benvenuti en el Palazzo Dello Sport de Roma y fue campeón mundial.

Aquella gesta quedó grabada en la memoria, pero existe un hecho posterior que la vincula con el mundo de las letras. Y que tiene como ámbito las páginas de El Litoral. El poeta Julio Migno, sanjavierino como Monzón, le dedicó un poema que se publicó en el diario el 3 de enero del año siguiente.

Desde siempre, el boxeo fue una fuente de inspiración literaria (y, dicho sea de paso, cinematográfica). Ejemplos son «Torito», cuento de Julio Cortázar y «Cuarteles de invierno» de Osvaldo Soriano. Pero no hay tantos casos en la poesía, menos aún en la de Santa Fe.

¿Quién era el poeta?

Julio Migno dedicó buena parte de su obra a su terruño: el río, las islas, los esteros, los animales, los pescadores, los fogones, las historias de pueblo y, sobre todo, a la manera particular de hablar y de mirar de quienes viven en ese paisaje.

No por casualidad las biografías lo mencionan como «el poeta de la costa», y quizás no haya una expresión más precisa para acercarnos a su obra. Porque en sus poemas el paisaje está lleno de voces, de recuerdos, de personajes y de una forma de entender la vida.

El litoral santafesino, en Migno, se habla, se pesca, se navega, se toma con el mate, se cuenta en historias, se vuelve «pago». Y aparece con un lenguaje ligado a la oralidad, con palabras y expresiones propias de la costa santafesina.

«¡Qué tendrás pago, que te quiero tanto con tus chajás, tus brujas y tus esteros, con los vellones de tus garzas blancas, con el pico plateao de tus boyeros, con tus garcitas moras que se visten en tus jacarandases y tus cielos, con tus torcazas llenas de ceniza», escribió.

En esa línea va el texto escrito para Monzón en aquel lejano 1971, cuando todavía ocupaba las crónicas deportivas y no las de policiales, como ocurrió tras el homicidio de Alicia Muñiz ocurrido en la década del 80, que ensombreció su carrera.

Las palabras para el púgil

El texto se titula «A Carlitos Monzón, campeón mundial de los medianos». Y dice así: «Así me gusta el paisano, que en la mitad de la huella, fue capaz de alzar estrella desde la pior del pantano.

Campeón de chuzo en la mano, en su creencia se atalona y viendo que se amontona bandada e’ cuervos mecheros los desparrama a sombrero y los asusta a carona. Siempre que con fe atropelles vas a llegar con tu chasque aunque el rachapé se atasque y se te aplasten los bueyes.

No es mal que el fierro se melle por defender una hombría; lo malo es por cobardía no ser capaz de arrancarlo y ansí, sin desenvainarlo, dárselo a la policía. Te taparon las troneras, le hicieron humo el panal, y vos seguiste igual con tus tropillas cerreras.

Tenés madrina costera, tu cencerro es el coraje, y aunque bale el terneraje y te atranque la perrada, la corona está ganada, no hay corriente que te ataje.

En el medio ‘e remolino saliste del borbollón con la corona ‘e campeón para tu pueblo argentino. Te ‘echaste ‘e panza ladino con el agua hasta el cogote, y en el verde camalote cuando te creían finao, nos regalaste un nocau como firmao a garrote.

Ansí te queríamos ver coronado de campeón, hermano Carlos Monzón, paisano de San Javier, si fue cosa de no creer el milagro de tu mano que fue martillo ‘e hierrazano que sacaste de tu fragua.

¡Como avispa tomando agua clavao quedó el italiano! Gloria de los argentinos, orgullo de Santa Fe: que nunca afloje tu fe paisano sanjavierino. Que se cumpla tu destino por don Brusa trabajao y que en lo pior del caldeao cuando sea dura la riña, te vengas sobre la liña igualito que’l dorao.

Sanjavierito paisano le acarrea el parte al Verón: ¡Sabés que Carlos Monzón es el reye de los medianos! El Paraná soberano sobre el lomo se torneó, y a rienda suelta bramó su marejada triunfal: «¡Tenemos Campeón Mundial hasta que Dios diga no!».

Que siga tu aparcería con Amílcar Brusa, hermano, que vayan juntas las manos, sendas, destinos y hombrías; que cuando ya no haya día puedan juntarse al ocaso, pa’ recordar paso a paso el largo surco sembrao, y meollar sobre el arao fundidos en un abrazo.

Salud Carlitos Monzón santafesino cabal, flamante campeón mundial fuerza, puño y corazón. Desde este ceibo virjón para vos, la rubia miel, la corona de laurel de tu toldo, el alarido, y a mano ‘e china prendido en tu alto pecho, un clavel’”.

Gentileza El Litoral