Javier Marcipar estaba en su Santa Fe natal en 1999 cuando decidió probar suerte para una beca de estudio relacionada con su carrera: ingeniería. Recién casado con Muriel y sin hijos, se trasladó a Barcelona para terminar de formarse en lo suyo y empezó a crecer profesionalmente. Javier se dedicó a fabricar estructuras inflables para hangares y a comercializarlas hacia distintas partes del mundo, aunque no renegaba de sus orígenes y viajaba seguido a Santa Fe.
El 13 de febrero de 2008 nacieron Paula y Nicolás, el protagonista de esta historia, de quien podría decirse que por su lugar de nacimiento es catalán aunque sea bien argentino. Su padre, fanático de Unión, le trasladó esa pasión por más que Nicolás se crió en Cataluña, donde siempre aparecía la imagen de Lionel Messi, inevitablemente. Zurdo igual que él, se fue destacando y así arrancó su historia en La Masía. Marcador central o lateral por izquierda, todos lo destacan por su capacidad y confianza para salir jugando con gran prestancia y soltura desde el fondo. Un distinto. Si no, La Masía no lo hubiese aceptado.

Javier, el papá de Nicolás, nació en calle San Luis entre La Rioja y Eva Perón, a la vuelta de la plaza de las palomas en nuestra ciudad. Cuando se fueron a vivir a Barcelona, lo hicieron en San Cugat, a aproximadamente 5 kilómetros y Nicolás jugaba al baby fútbol en el equipo de esa localidad tan cercana a Barcelona. Allí lo vieron y lo invitaron a practicar en La Masía, donde fue “quemando” etapas y tuvo el gusto de ver de cerca y conocer a Messi, cuando todavía jugaba en el Barsa.
Y aquí está, hoy, con 18 años, integrando el plantel del Barsa y vistiendo la celeste y blanca de Argentina para disputar los Juegos Suramericanos.
Enrique Cruz – El Litoral