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Echaron a Manuel Adorni: trastienda de una crisis eterna y una salida caótica

Manuel Adorni mintió hasta el final. Su última acción como jefe de Gabinete fue consecuente con su desempeño en la gestión. Acorralado por las denuncias de enriquecimiento ilícito y las exigencias para removerlo, anunció que —en contra de los deseos de Javier Milei— presentaba su renuncia. Alegó que daba un paso al costado para “proteger a su familia” de los “ataques mediáticos”. Lo cierto es que lo echaron porque su situación política y judicial era insostenible. El avance de la investigación en Comodoro Py por su inconsistente crecimiento patrimonial y la creciente presión en el Congreso para expulsarlo sentenciaron su bochornoso desenlace. “Acompañamos tu decisión” y “sabemos de tu integridad” fue la despedida pública que le dedicó Karina Milei. El presidente, llamativamente, no publicó nada y compartió un sugestivo mensaje de la senadora Patricia Bullrich: “La confianza y la ética son dos elementos fundamentales para profundizar el cambio”. La coordinación ministerial quedaría a cargo del camaleónico Diego Santilli.

Cuando el avión que trajo a Milei desde España aterrizó a las seis de la mañana, Adorni ya estaba afuera del Gobierno. Karina Milei había tomado la determinación de pasar la guillotina y ponerle fin a su escandaloso paso por la Casa Rosada. La decisión tardó tres meses y medio en madurar y provocó una profunda crisis institucional. Fueron más de cien días en los que el oficialismo perdió la agenda pública y la discusión quedó absorbida por las nuevas propiedades del funcionario, sus viajes de lujo al exterior y los gastos exorbitantes que no sintonizan con sus declaraciones juradas. La crisis fue tal que el vocero se llamó a un silencio prolongado. Se suspendieron las conferencias de prensa hasta encontrar a su reemplazante, Andrés Ravier.

El Ejecutivo intentó simular una “salida ordenada”, aunque el proceso fue caótico. En las últimas dos semanas dedicó toda su energía a salvar a Adorni de una interpelación y una posterior remoción. Fue tiempo y esfuerzo perdidos para evitar un desenlace que ya estaba escrito. Semanas atrás, Bullrich les avisó a Karina Milei y al jefe de Gabinete que en el Senado estaban los votos para removerlo. En la cúpula libertaria desestimaron la advertencia. A partir de ahí comenzaron las maniobras para dilatar el final. La jefa del bloque en la Cámara alta y Martín Menem improvisaron negociaciones a contrarreloj para evitar que el Congreso expulsara por primera vez en la historia a un jefe de Gabinete. “Adorni no se va, Adorni no se va…”, corearon los diputados libertarios el miércoles pasado. Karina Milei los arengaba desde la tribuna. Cuarenta y ocho horas después decidió desplazarlo. La secuencia dejó al desnudo la desorientación oficialista.

El GPS presidencial también falló. El viernes, desde España, Milei prometió que solo “eyectaría a Adorni de una patada” si la Justicia lo condenaba por corrupción. Fue la primera vez que deslizó la posibilidad de echarlo. Días antes había dicho que “no se va ni en pedo”. A principios de mayo le gritó en la cara a Patricia Bullrich: “No voy a ejecutar a un inocente”. Fue durante una reunión de Gabinete y estaba furioso por las presiones mediáticas de la senadora para que el exvocero presentara su declaración jurada o se fuera. “Ya tiene los papeles listos. Es cuestión de días”, juró Milei en aquel entonces. El contador se tomó un poco más de tiempo. Esperó un mes a que empezara el Mundial para ensayar la teoría de que se había enriquecido con el bitcoin. Otro esfuerzo en vano, porque nadie le creyó.

¿Qué cambió?

Después de la fallida sesión en el Senado del jueves pasado, algo cambió. El oficialismo simuló que haber bloqueado un nuevo intento de interpelación al jefe de Gabinete significaba un triunfo, pero en realidad dejó al descubierto sus carencias de gobernabilidad. Dejó de tratar los pliegos judiciales y la ley de inviolabilidad de la propiedad privada para no exponerlo. Los aliados le dejaron en claro que no iban a poner la cara para defenderlo. El PRO incluso presentó su propio proyecto para citarlo al recinto. Agotados, los delegados libertarios en el Congreso sabían que la semana que empieza tendrían dos nuevas batallas: el martes, un debate en comisión en Diputados; y el miércoles, otra discusión en la Cámara alta. Por más que siguieran estirando la larga agonía, tarde o temprano lo iban a remover. El jueves por la noche, Bullrich se lo hizo saber de nuevo a Karina Milei. Para el viernes la resolución estaba tomada y Adorni se lo comunicó a su equipo.

Para sorpresa de muchos, Santiago Caputo coincidió con la secretaria general de la Presidencia. Había llegado la hora de volantear. Como reemplazante aparece Diego Santilli. El ministro del Interior, si bien tiene buen vínculo con el asesor presidencial, no responde a ninguna de las dos facciones libertarias. Su rol en la mesa política y su capacidad para tejer acuerdos con los gobernadores le valió la confianza de los hermanos Milei. El viernes por la tarde-noche, el exdirigente del PRO estuvo reunido durante varias horas en la Casa Rosada con Karina Milei, Eduardo Menem y Martín Menem. En ese encuentro le hicieron saber que era el principal candidato para reemplazar al exvocero. Su nombramiento, sin embargo, aún no fue oficializado y quedaban pendientes conversaciones con el Presidente. De confirmarse, estará secundado por el secretario de Asuntos Estratégicos, Ignacio Devitt, un hombre que llegó de la mano de Adorni y hoy gana influencia.

El guión oficial

En el relato que armaron para la despedida, el funcionario se escuda en su familia y culpa a los medios de comunicación. En la Casa Rosada sostienen que el desgaste de los últimos meses lo terminó afectando, que en el último tiempo aumentaron los “escraches” en la calle y que está “muy golpeado”. Incluso ensayaron un final feliz. El entorno del jefe de Gabinete asegura que, en medio de tanto cansancio, “está contento” con “la decisión que tomó”.

“Me han tratado de delincuente y corrupto sin un solo hecho de corrupción sobre mis espaldas”, se defendió en su carta de despedida. “También atacaron mi vida personal: se metieron con mis hijos, con mi mujer, con mi familia, con mis amigos y con cada uno de mis afectos. Confundieron lo público con lo privado e íntimo”, completó.

Destino final

Lo que Adorni llama “ensañamiento” de los medios contra su familia son las revelaciones que se fueron conociendo sobre su patrimonio. En casi cuatro meses, el exvocero nunca pudo justificar su crecimiento patrimonial. En la causa por presunto enriquecimiento ilícito, el fiscal Gerardo Pollicita ordenó a la Dirección de Asistencia Judicial en Delitos Complejos y Crimen Organizado (DAFI) un informe técnico para comparar los ingresos declarados con la evolución de sus bienes. Se trata de una medida que podría dejarlo a un paso de la indagatoria. La salida del jefe de Gabinete, por lo tanto, no puede desligarse del trámite judicial.

Resta saber ahora cuál será su destino: si mantiene su cargo como director de YPF, si es premiado con algún puesto diplomático o si, simplemente, regresa al sector privado. La única certeza es que su etapa en la Casa Rosada llegó, con más pena que gloria, a su fin.

Por Sebastián Cazón / Página 12