Según la Real Academia Española, el adjetivo desolado describe «un lugar desierto, inhóspito o sin vida», pero también refiere a «una persona profundamente afligida». En la Costanera Oeste de Santa Fe, ambas acepciones parecen fundirse en un mismo paisaje: el de un espacio público que pierde su pulso habitual y el de los vecinos que asisten con nostalgia a ese declive.
La Costanera, históricamente el balcón más preciado de la ciudad, presenta hoy un contraste que llama la atención. En un sector que hasta hace poco tiempo desbordaba vitalidad y convocatoria, especialmente tras la caída del sol, el paisaje actual parece detenido en el tiempo. Aunque la higiene se mantiene gracias a los servicios municipales y el esfuerzo compartido de quienes trabajan en la zona, el «desamparo» es la palabra que más resuena entre quienes transitan el lugar diariamente.

Un espacio verde que busca su identidad
El terreno baldío y parquizado que se encuentra junto al tradicional parque de diversiones se ha convertido en una zona de paso o de estancia precaria. Sin mobiliario adecuado ni propuestas integrales, los ciudadanos utilizan el césped como refugio improvisado.
«Vienen, compran algo en los carritos y se sientan en el pasto porque no hay mucho más», relatan los trabajadores de los foodtrucks, quienes se han convertido en los guardianes involuntarios del lugar.

El drama de los servicios: baños y vandalismo
Uno de los puntos más críticos señalados por los usuarios es el estado de los servicios públicos. Los baños, esenciales para un área recreativa, son el foco de un conflicto. “Son un desastre. Recientemente empezaron a arreglarlos, pero el problema es que la gente no los cuida y el vandalismo no da tregua”, explicó un empleado del sector gastronómico.
La situación llegó a un punto límite el último fin de semana, cuando las instalaciones debieron permanecer cerradas debido a nuevos hechos de vandalismo, según explicaron desde el municipio. Actualmente, solo uno de los sanitarios se encuentra habilitado, una cifra insuficiente para la demanda del sector.
Ante esta situación, los paradores y carritos de la zona han tenido que establecer turnos rotativos para custodiar las instalaciones y garantizar un mínimo de salubridad. En este sentido, uno de los dueños de un foodtruck señaló «afortunadamente acá no nos pasó nada, pero al parador que tenemos acá cerca quisieron entrar a robar ya 3 veces».
Cabe recordar que, por normativa, los baños públicos deben estar abiertos todos los días de 09.00 a 21.00 durante la temporada estival, mientras que en invierno el horario mínimo exigido es de 10.00 a 18.00.
La nostalgia de los vecinos
Para los santafesinos, ver el estado actual del Espigón I y sus alrededores genera una mezcla de nostalgia y resignación. “Recuerdo cuando era chica que era hermoso venir. Ahora está raro, da sensación de abandono”, comentó una vecina mientras buscaba refugio bajo la sombra de un árbol.
Recordando que este sector no está habilitado como zona de baño seguro y solamente está se puede utilizar como solarium, la crítica de los santafesinos apunta a una falta de planificación: «En la playa no se entiende qué quisieron hacer, no hay nada. Con estas temperaturas, si no hay sombra, el lugar es intransitable».

Compromiso con la limpieza
Pese al panorama de desolación, un aspecto positivo que destacan tanto vecinos como trabajadores es el mantenimiento de la limpieza. El municipio realiza operativos periódicos y los propios comerciantes colaboran activamente para evitar la acumulación de residuos, intentando sostener la dignidad de un espacio que espera volver a ser lo que fue.
La recuperación de la Costanera Oeste no depende solo de mantener el césped corto o la arena limpia. Se requiere una visión integral que combine seguridad, infraestructura de calidad y una propuesta atractiva para que los santafesinos recuperen el sentido de pertenencia sobre uno de sus patrimonios más queridos.
Gentileza El Litoral