El Gobierno Ncional busca derogar la la Ley 25.542, una normativa sancionada a finales de 2001 y que establece que los libros deben venderse al mismo precio en todo el territorio nacional. Ante este intento oficial -bajo la premisa de fomentar la competencia y los descuentos-, el secretario de la Federación de Librería, Carlos Morón, criticó el proyecto y pidió que no avance en el Congreso de la Nación.
“La ley argentina no es un invento nuestro” señaló Morón en diálogo con LT9, explicando que el modelo local está directamente inspirado en la célebre ‘Ley Lang’ francesa de 1981, un esquema adoptado también por potencias culturales como Alemania, España, Japón y Corea del Sur para proteger sus industrias de la lectura.
“Gracias a sostener esta política durante 25 años, hoy Argentina cuenta con la red de librerías y editoriales más importante de Latinoamérica, llegando a tener tres veces más librerías por habitante que países desregulados como Brasil, México o Colombia” agregó.
El espejo del Reino Unido
Para Morón, el argumento de que la eliminación del precio único beneficiará al lector con rebajas masivas es una ilusión técnica. En este caso, el dirigente remarcó lo ocurrido en el Reino Unido desde 1995 cuando se decidió abolir su sistema de precio fijo.
“En pocos años desaparecieron la mitad de las librerías independientes y el mercado se concentró brutalmente” detalló. Y añadió que los precios no bajaron, y por lo contrario estuvieron muy por encima de la inflación.
El valor de la librería
La mayor preocupación de la Federación radica en el impacto geográfico y social que tendría la medida. Si bien las grandes urbes logran sostener sus espacios, las librerías de pueblos y pequeñas localidades del interior quedarían en una situación de total vulnerabilidad frente a las grandes superficies comerciales.
“Una librería no es solo un comercio; es un faro cultural” reflexionó Morón. Agregó que “es el espacio donde un padre lleva a su hijo a elegir su primer libro o donde un librero le recomienda una lectura a un adolescente. En una época donde batallamos diariamente para que los chicos dejen las pantallas y agarren un libro, destruir este ecosistema cultural y condenar al cierre a las librerías más chicas sería una pérdida patética para la Argentina”.