A los partidos hay que jugarlos y en este fútbol de hoy en día no se puede subestimar a nadie. Además, se vienen partidos “mata mata” en los que un error o una mala tarde o noche pueden dejar afuera a cualquiera. Pero no se puede discutir que el camino que tiene la selección argentina está verdaderamente allanado hasta las semifinales si se observa el potencial, a priori, de los rivales que debería enfrentar hasta llegar a esa instancia.
A Argentina no le ocurrirá, por ejemplo, lo de Alemania y Francia, que si sortean sus compromisos de dieciseisavos, se enfrentarán entre ellas en octavos. Tampoco lo de España, que en esa misma instancia se puede encontrar con Portugal. Estas cuatro selecciones –sumamos a Paises Bajos- vienen por la misma llave, que no es la de Argentina.

En cambio, Argentina se eliminará con Cabo Verde en dieciseisavos y con Australia o Egipto en octavos. Si lo consigue, en cuartos podría encontrarse con Colombia. Y recién en semifinales, Brasil o Inglaterra si es que logran desprenderse de sus rivales y es, el partido entre ambos, un potable choque de cuartos. O sea que será uno de ellos el que potencialmente llegaría a semifinales.
A veces es necesario encontrarse con este tipo de ventajas. En el Mundial de 1982, por ejemplo, con una estructura diferente, Argentina salió segunda en la primera fase y le tocó un verdadero “grupo de la muerte” en el que se tuvo que eliminar con Italia y con Brasil (perdió los dos partidos). En Qatar, Australia fue el adversario en octavos, luego Paises Bajos en cuartos y el gran partido con Croacia en semifinales para llegar al partido decisivo con Francia. El equipo fue de menor a mayor, pero los dos mejores partidos se dieron, justamente, en semi y final.
En el ’78, Argentina salió segunda en el grupo y tuvo que ir a jugar a Rosario, pero allí se encontró con una Polonia que ya no era la misma del 74 (cuando fue tercera), empató con Brasil y goleó a Perú, con lo que llegó a la final. En el 86, el primero a vencer fue Uruguay, luego Inglaterra y después Bélgica, con dos actuaciones deslumbrantes de Maradona, antes de llegar a la final.
El grupo en este Mundial fue de fácil resolución para Argentina. Marcó 8 goles (seis fueron de Messi), le convirtieron uno y ganó los tres partidos. Hizo los deberes de manera correcta y sin brillar, salvo el “10” (figura excluyente en los dos primeros e ingreso definitorio en el tercero). ¿Da una imagen de equipo sólido?, todavía no. De todos modos, alcanzó con creces para justificar los tres triunfos.
Del partido con Jordania, Scaloni pudo recoger más conclusiones individuales que colectivas. El método, la forma de jugar, forma parte de un libreto que está claro para todos, ya sea titulares o suplentes. Podrá variar la posición de algunos jugadores (Palacios jugó de marcador de punta con libertad para proyectarse, ante Jordania); también se podrá cambiar el sistema y pasar de un 4-4-2 a un 4-3-3 o un 4-3-1-2 según el partido y las circunstancias, pero no varían las formas: 1) dominio y control del partido a través de la tenencia de la pelota; 2) paciencia para no desesperarse si el rival se mete atrás o achica espacios en su propio terreno.

La sorprendente formación de Cabo Verde, que será rival de Argentina el viernes en el Hard Rock de Miami
Hoy, Lautaro Martínez es más que Julián Alvarez. Scaloni los juntó a los dos para ver si se potenciaban entre ambos y llegaban al gol, pero solamente marcó Lautaro y de penal. Julián está impreciso con la pelota, se la lleva por delante, le cuesta dominarla cuando se decide a encarar y eso le está quitando gravitación y peligrosidad. No hay nada peor, para un delantero, que la carencia de confianza. Y por ahí puede estar pasando el déficit de un jugador que fue siempre clave e importante para el equipo, desde su impactante aparición en el Mundial de Qatar.
El mediocampo parece ser el sector que más garantías ofrece. De Paul, Enzo Fernández y MacAllister saben lo que hacen, se complementan y han tenido en Thiago Almada a un buen ladero. Por si se necesita algún recambio, aparece Paredes con su capacidad para convertirse en eje y administrador del juego (así jugó contra los jordanos) o también la variante de Lo Celso, que le puede aportar pegada y claridad o el mismo Palacios, otro producto (al igual que Lo Celso) de los primeros momentos de Scaloni en este casi centenario número de partidos que lleva al frente de la selección.
El nivel de los rivales no ha permitido sacar demasiadas conclusiones. Se ganaron los partidos con relativa comodidad (quizás en el de Austria hubo algún momento de zozobra en el segundo tiempo) y punto. Cabo Verde es una selección debutante, que aportó la mayor cuota de sorpresa. Y después, sea quien sea el rival de octavos, tampoco está a la altura de selecciones que imponen mucho más respeto y temores.
Aprovechar las ventajas que otorga el fixture y este camino que transita la selección, puede resultar clave para que el equipo se reencuentre con su mejor nivel futbolístico. Ya sabe que tiene a Messi muy enchufado y en un nivel de excelencia, marcando las diferencias esenciales como si el tiempo no pasara para él. Falta que otras figuras individuales también empiecen a dejar su marca para que así se potencie a un equipo que sabe a lo que debe jugar.
Por Enrique Cruz / El Litoral