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Unión no frena el derrumbe: sumó su cuarta derrota al hilo

Unión ya no está solamente en crisis: está en caída libre, sin señales vitales y sin encontrar una manera de frenar el derrumbe. La derrota por 2-0 ante Defensa y Justicia, en el estadio 15 de Abril, fue mucho más que otro resultado adverso.

Fue la confirmación de que el equipo perdió el rumbo, dejó de competir como se espera de un conjunto de Leonardo Madelón y empieza a quedarse sin tiempo para salvar un semestre que se desmorona partido tras partido.

Cuatro derrotas consecutivas. Talleres, Independiente, Boca y ahora Defensa y Justicia. Nueve goles recibidos en esa serie, apenas dos convertidos y una sensación cada vez más preocupante: Unión no tiene respuestas cuando el partido se le pone cuesta arriba y tampoco consigue sostenerse cuando encuentra argumentos para ilusionarse.

El problema no es solamente perder. Es cómo pierde. Es repetir errores que ya no pueden considerarse accidentes. Es volver a mostrar una defensa endeble, descoordinada, incapaz de controlar los movimientos del rival y demasiado permeable ante cualquier ataque bien elaborado. Es necesitar que Matías Mansilla multiplique sus intervenciones para evitar una goleada y, aun así, terminar con las manos vacías.

Madelón, en jaque y sin margen para seguir esperando

La derrota dejó al entrenador en el centro de todas las miradas. Madelón, que supo construir una identidad reconocible y recuperar la competitividad del equipo, hoy no encuentra respuestas. El equipo perdió cuatro partidos seguidos, volvió a terminar sin convertir y sigue acumulando errores que se repiten sin importar los nombres ni los ajustes tácticos.

Los números empiezan a ser tan contundentes como el rendimiento. Unión quedó lejos de los puestos de playoffs y sus posibilidades de alcanzar una clasificación a las copas internacionales se redujeron al mínimo, con un panorama que ya depende de una reacción inmediata y de una combinación favorable de resultados. Lo que hace algunas fechas era una aspiración ahora amenaza con convertirse en una ilusión perdida.

Y el interrogante ya no pasa solamente por cómo recuperar al equipo, sino también por la continuidad de un entrenador que quedó en jaque. Madelón necesita respuestas futbolísticas urgentes, pero también debe encontrar la manera de recuperar la confianza de un plantel que parece desorientado y de una gente que empieza a quedarse sin paciencia.

El final del encuentro tuvo el sonido de un hartazgo que venía creciendo. Desde las tribunas bajó el grito de «que se vayan todos», acompañado por cánticos contra los dirigentes. El malestar ya no se limita al rendimiento de los futbolistas: alcanza también a quienes conducen la institución y a un proyecto deportivo que hoy no encuentra argumentos para sostener las expectativas.

La cuarta derrota consecutiva dejó al Tatengue golpeado, lejos de sus objetivos y con un entrenador bajo presión. Pero también dejó expuesto algo más profundo: un equipo que se acostumbró a cometer los mismos errores y que no encuentra respuestas cuando más las necesita.

La pregunta ya no es solamente cuándo volverá a ganar Unión. La pregunta es cuánto más puede resistir este derrumbe sin que las consecuencias sean todavía mayores. Porque el 2-0 ante Defensa y Justicia no fue una mala noche aislada: fue otro capítulo de una caída que amenaza con llevarse puesto el semestre, el crédito de Madelón y la paciencia de toda la gente rojiblanca.