La histórica marca de electrodomésticos Peabody abandonó definitivamente la producción industrial en la Argentina. Su empresa controlante, Goldmund SA, desmanteló la planta ubicada en La Tablada, partido de La Matanza, trasladó toda la maquinaria a un depósito en San Martín y mudó sus oficinas administrativas a la avenida Cabildo, en la Ciudad de Buenos Aires. El nuevo modelo de negocios se apoya en la importación de productos terminados desde Asia, la producción bajo régimen de maquila en Paraguay y la prestación de servicios de postventa.
La reconversión quedó expuesta en los informes del concurso preventivo que Goldmund abrió el 20 de abril de este año para reestructurar un pasivo de alrededor de $40.000 millones frente a más de 350 acreedores. La sindicatura constató que la planta de La Tablada ya no tiene capacidad instalada para fabricar, lo que confirma el abandono definitivo del esquema industrial que la empresa sostuvo durante más de 16 años.
El achicamiento de la estructura también golpeó fuerte al personal. En 2023, Peabody llegó a contar con unos 350 trabajadores. Al inicio del concurso la dotación había caído a 158, y en junio cerró con apenas 111 empleados. En mayo se produjeron 10 desvinculaciones, principalmente de trabajadores encuadrados en la Unión Obrera Metalúrgica (UOM); en junio, otros 12 retiros voluntarios que demandaron casi $89 millones en indemnizaciones. La compañía no incorpora nuevo personal desde octubre de 2025.

La decisión de producir en Paraguay responde a una ecuación de costos. Según explicó la propia empresa ante la Justicia, fabricar en el país vecino resulta entre un 30% y un 35% más barato que hacerlo en Argentina, gracias a menores costos laborales, beneficios fiscales y una carga tributaria más liviana. La línea de climatización fue la primera en trasladarse bajo ese esquema de maquila. El presidente de la compañía, Dante Choi, había anticipado públicamente que no tenía intenciones de volver a producir en el país.
La dependencia de las importaciones venía creciendo desde antes del concurso. Durante 2025, Goldmund comercializó más de 700.000 unidades, pero menos de la mitad correspondió a producción propia. En lo que va de 2026, la empresa vendió 83.676 unidades y más de la mitad ya provenía del exterior. En su presentación judicial, la compañía atribuyó parte de su deterioro financiero a las restricciones a las importaciones bajo el régimen SIRA, a créditos fiscales licuados tras la devaluación de diciembre de 2023 y a la posterior avalancha de productos importados con los que la fabricación local no pudo competir.
Las ventas también reflejan el colapso del negocio. Según los informes de la sindicatura, las ventas pasaron de más de $2.800 millones en mayo a $1.335 millones en junio, una caída superior al 52% en solo un mes. Los propios directivos reconocieron ante el expediente que el precio promedio de sus productos se redujo aproximadamente a la mitad en los últimos seis meses, empujado por la competencia del mercado. En junio, la empresa registró ingresos por $824 millones frente a egresos de $2.326 millones, dejando un déficit operativo de casi $1.502 millones.