Hay días que quedan grabados por lo que ocurre. Y hay otros que permanecen en la memoria por lo que ya nunca podrá ocurrir. El 28 de julio de 2025 fue uno de esos días para Santa Fe.
Mientras la Convención Reformadora atravesaba sus primeras semanas de trabajo, la provincia recibía la noticia que nadie quería escuchar: después de quince días internada en el hospital José María Cullen, Alejandra «Locomotora» Oliveras fallecía a los 47 años como consecuencia de una embolia pulmonar masiva derivada del accidente cerebrovascular isquémico que había sufrido el mismo día en que debía jurar como convencional constituyente.
Su muerte cerró una vida extraordinaria, pero abrió un legado que un año después continúa intacto.

Alejandra «Locomotora» Oliveras había sido elegida por el voto popular el 13 de abril para integrar la Convención que reformaría la Constitución de Santa Fe
La imagen todavía conserva fuerza. Había sido elegida por el voto popular el 13 de abril para integrar la Convención que reformaría la Constitución de Santa Fe. El 14 de julio debía ocupar su banca junto a otros 68 convencionales, pero el destino escribió otra historia. El ACV le impidió llegar a la Legislatura y, durante las dos semanas siguientes, la provincia siguió con expectativa cada parte médico. Hasta que aquella tarde del 28 de julio llegó la noticia que transformó la preocupación en duelo.
La banca que quedó vacía en Santa Fe: el día que Locomotora Oliveras no pudo asumir
La ausencia de Locomotora Oliveras fue mucho más que una silla vacía dentro del recinto. Representó una historia que quedó inconclusa. En una de las últimas conversaciones que mantuvo durante su internación con su hijo Alexis, volvió sobre esa responsabilidad que sentía como propia.
—»Me eligieron convencional y no pude ir a trabajar», le dijo con la lucidez suficiente para entender lo que estaba ocurriendo. Después insistió con otra frase que resumía su compromiso: «Yo tenía que estar ahí».
Quizás ninguna declaración explique mejor quién era Alejandra Oliveras. Había llegado a la política después de una vida de sacrificios, sin abandonar nunca el perfil social que la caracterizó. Su incursión era reciente, pero el sentido de la responsabilidad con quienes la habían votado permaneció intacto incluso en una cama de terapia intensiva.
La mujer que ganó las peleas más difíciles
Los títulos mundiales explican una parte de su historia. Seis coronas, un Récord Guinness y un lugar reservado entre las máximas figuras del boxeo argentino alcanzan para dimensionar su carrera deportiva. Pero el verdadero combate comenzó mucho antes de subir a un ring.
Su infancia estuvo atravesada por la pobreza. Trabajó desde muy chica en tareas rurales, fue madre durante la adolescencia y sufrió violencia de género. Esa experiencia marcaría para siempre su vida.
Aprendió a entrenar para defenderse. Esperaba que su agresor se fuera de la casa para hacer ejercicios. Flexiones, abdominales, sentadillas. Preparaba su cuerpo mientras reunía el coraje para cambiar su destino. Hasta que un día decidió que no recibiría un golpe más. Se defendió, tomó a su hijo y se fue para no volver nunca.
Nunca escondió esa historia. Al contrario. La convirtió en una bandera para acompañar a otras mujeres. «Nadie nació para sufrir», repetía en cada entrevista. Y encontraba en el deporte una herramienta para reconstruir la autoestima y recuperar la dignidad.
Cuando el ring dejó de ser un ring
Con el paso de los años, Alejandra Oliveras entendió que la victoria más importante no estaba en los cinturones. Por eso abrió gimnasios, organizó actividades solidarias, trabajó junto a merenderos y recorrió el país dando charlas motivacionales.
En 2023 inauguró en Santa Fe uno de sus mayores sueños: un gimnasio social donde cientos de niños y jóvenes de barrios populares pudieran entrenar y encontrar oportunidades que muchas veces escaseaban fuera de esas paredes.
«Este fue el lugar donde siempre soñé que pasaría algo maravilloso. Hoy es un espacio donde se pueden salvar vidas y donde se alimentan sueños», contó.
Su mirada iba mucho más allá del boxeo.
«La persona que entrena no se droga porque aprende a quererse y cuidarse. La que tiene angustia o depresión necesita encontrar un sentido para vivir», sostenía.
El último mensaje
Con el tiempo, Locomotora construyó una comunidad que la seguía mucho más por sus palabras que por sus nocauts.
Horas después de su fallecimiento, miles de personas compartieron el último video que había publicado en sus redes sociales. Allí aparecía rodeada por alumnos, hablando sobre esos días en que cuesta levantarse.
«A veces no tenemos ganas de nada», decía.

La despedida fue multitudinaria. Tras un velatorio íntimo junto a su familia, miles de personas pasaron por la Legislatura santafesina para darle el último adiós
Y enseguida dejaba una de esas frases que se transformaron en sello personal:
«Basta de ser pelotu… Andá a entrenar porque sos valiosa, sos hermosa y sos muy importante. Vos podés».
Era el mismo mensaje que había construido durante años. No hablaba desde el éxito. Hablaba desde alguien que había conocido el miedo, la violencia, la pobreza y la frustración.
El aplauso que todavía resuena
La despedida fue multitudinaria. Tras un velatorio íntimo junto a su familia, miles de personas pasaron por la Legislatura santafesina para darle el último adiós. Semanas después, durante el acto de cierre de la Convención Reformadora y la jura de la nueva Constitución provincial, volvió a hacerse presente.
Todos se pusieron de pie.
Los convencionales del Frente de la Esperanza entregaron una placa honorífica a sus hijos, Alejandro y Alexis, mientras el gobernador Maximiliano Pullaro les hizo llegar un reconocimiento institucional en nombre de la provincia. Fue uno de los momentos más emotivos de toda la reforma constitucional.

Los convencionales del Frente de la Esperanza entregaron una placa honorífica a sus hijos, Alejandro y Alexis
No fue un homenaje únicamente a una campeona del mundo. Fue el reconocimiento a una mujer cuya historia había trascendido el deporte.
Porque las locomotoras tienen una particularidad: aun cuando dejan de avanzar, los rieles permanecen. Un año después de su muerte, Alejandra Oliveras sigue apareciendo en cada mujer que encontró fuerzas para salir de una relación violenta, en cada joven que descubrió en un gimnasio una oportunidad distinta y en cada persona que escuchó alguna vez su mensaje de no rendirse.
Los cinturones la convirtieron en una leyenda del boxeo. Su historia la convirtió en algo mucho más difícil de conquistar: un ejemplo capaz de sobrevivir al tiempo.
Por Martín Fernández Silva / Aire Digital