Soy de Santo Tomé y tengo 36 años. Soy especialista en marketing y productor audiovisual en hipódromos, por lo que sin dudas que los equinos forman una parte esencial y sustancial en mi vida, ya que desde muy chiquito pasaron a ser mis compañeros inseparables.
De todas maneras, lo que acabo de vivir en la cordillera de los Andes junto a ellos y a mi compañero de travesía, Fernando Paraván -otro santotomesino-, al revivir los pasos de epopeya sanmartiniana, no se compara con ninguna otra de mis experiencias previas.
Desde mi niñez convivo con la pasión del caballo, cuando mi padre me compró el primero de ellos. Iba a ser un caballo de paseo, pero por esas cosas que tiene la vida terminó comprando un caballo sangre pura de carreras. Era mucho caballo para mí y yo muy chico para entenderlo, tal es así que una sola vez lo pude subir, aunque ganó varias competencias seguidas, incluyendo un clásico.
A los pocos meses llegó Indiana, una yegua chilena también de sangre pura de carreras. Y claro, era potra, había que amansarla. Ahí es donde se formó un vínculo especial con ella, ya que sin darme cuenta marcó el inicio de todo esto y me sirvió para empezar a comprender al caballo.
Al poco tiempo me inicié como jockey aprendiz y disputé varias carreras en distintos hipódromos, incluyendo algunos que ya no existen más. El recuerdo sigue como si hubiera pasado ayer. Indiana, que me lo dio todo, pasó veintisiete años conmigo, prácticamente toda mi vida, y la conexión que teníamos fue sin dudas de otro planeta.
Murió una mañana de 2022, dejando un legado enorme. La enterramos en casa. Y mucha gente de Santo Tomé me recuerda justamente por pasear por sus calles camino a la playa con ella; así es: atravesaba todo el centro la ciudad como si fuera andando en bicicleta.
El primer parto que presencié es cuando ella fue mamá; recuerdo que pasamos la noche con mi papá durmiendo dentro del box, mientras afuera había una na tormenta terrible.
Y hoy, diez años después, aún conservo su cría, Melisa, que tantas alegrías me dio en el turf; se retiró invicta con siete triunfos consecutivos y es la sangre que me queda de mi querida Indiana. Ella también morirá en casa. Tuve y tengo muchos caballos, pero como Indiana no va a haber otra.

¿A caballo? ¿Por qué no?
El caballo refleja para mí un mundo de nobleza y emociones que si vamos a la historia fue el pilar fundamental que forjó nuestro suelo argentino. Hoy se convirtió en una parte fundamental que el día que no los tenga algo en mí se va a apagar, porque son el impulso de levantarme cada mañana, llevo treinta años junto a los caballos y ya no imagino mi vida sin ellos.
Recuerdo de chiquito, fue mi emoción por participar de los desfiles organizados por la municipalidad de santo tomé, donde cada 9 de julio esperaba ansioso la fecha para asistir. Obvio a caballo, y empilchado de gaucho era poner de punta en blanco el caballo, sus pilchas, la ropa mía, era algo sagrado esperar todo el año para ser parte del desfile.
Otra de las cosas que comparto es el amor por las tradiciones criollas, nuestra cultura, nuestra música folclórica y los valores patrios. De ahí viene un poco esta idea. Soy un apasionado de la historia argentina, la cultura y los valores, el legado que se dejó.
Y un día me apareció en Instagram que el 17 de enero de este año se conmemoraba un aniversario más de la gesta del Ejército de los Andes, realizada en 1817. Y eso «me voló la cabeza», como se dice. Entonces me puse a pensar. ¿Cómo lo hicieron? ¿Cómo lo lograron?
A la vez me decía a mí mismo, con todo respeto, que si ellos alguna vez pudieron hacerlo… ¿por qué no yo? A partir de ese momento mi sueño, sin entrar en comparaciones obviamente, pasó a ser realizar el cruce de la cordillera como lo había hecho San Martín, algo que era realmente impensado para su época y una verdadera locura.
Ahí fue cuando empecé a darle forma a lo que parecía imposible de imaginar y mucho menos intentar. Siempre fui un aventurero y me gusta descubrir qué es lo que voy a encontrar por el camino, o qué puede llegar a pasar en cada recorrido que emprendo.
Me gusta superarme, ponerme metas y retos, saber hasta dónde puedo llegar, aunque esto era totalmente distinto a lo que nunca antes había intentado hacer. Siempre me dio curiosidad saber cómo pudieron lograrlo, pero esto ya era irse al otro extremo: jugarse la vida, repitiendo los pasos de semejante hazaña patriótica.
Continuará.

Mensaje cultural
Más allá de rendir un homenaje a la patria y a esos valientes que se jugaron la vida por lo que hoy disfrutamos, lo que hizo el ejército de los andes guiados por el general José de San Martin no tiene comparación con nada en el mundo, fue algo que trascendió fronteras y que el mundo alaba su respeto y admiración.
Y acá estaba mi modo de dar mi respeto, mi admiración, reviviendo lo que doscientos años atrás ellos iniciaron, que en esa época no fue una travesía más fue jugarse la vida y muchos se entregaron sabiendo que no iban a volver.
Hace tiempo que vengo prestando atención a que nuestros valores culturales e históricos se están apagando y que las nuevas generaciones están perdiendo el interés por nuestras tradiciones, hechos históricos y próceres que realmente se lo debemos todo. Aprovechando mis conocimientos facultativos en producciones audio visuales, y teniendo en mano esto tan importante en hacer, como cruzar los Andes.
Algo que no se ve todos los días, puse en firme la idea de realizar un documental de interés cultural y educativo de libre acceso, donde mostrar que hay detrás de esas mole de piedra, contar la travesía del Ejército de los Andes y el día a día que viví yo en la montaña con mi experiencia en primera persona y para que todos puedan ver el precio que se pagó la libertad que hoy tenemos.
Gentileza El Litoral