La empresa argentina fundada en 1941 ya no producirá ampollas de vidrio en su planta. Igual, mantienen operaciones industriales en el país. Además, denuncian que el ingreso de termos de contrabando sin control pone en riesgo la salud pública.
Lumilagro anunció que empezará a importar termos de China, India y Vietnam. La caída del 50% en las ventas en los últimos dos años fue un golpe muy duro para la que supo ser la única fábrica de termos de vidrio en todo el continente americano. Ahora, lo que antes se producía en el país se trae de afuera: las ampollas de vidrio vienen de India y los termos de acero de China.
“A pesar de la reconversión del modelo productivo, continuamos manteniendo varias operaciones industriales en Argentina. Actualmente Lumilagro sigue produciendo en el país una de sus líneas de termos de acero de 1 litro, que representa cerca del 40% de ese segmento”, expresó Martín Nadler, director ejecutivo de la firma.
“Además, el cuerpo plástico exterior que recubre los termos de vidrio se fabrica localmente a través de fábricas locales que producen para nosotros. En la fábrica de Totuguitas se realiza el ensamblado de ese cuerpo plástico con la ampolla de vidrio interna, el proceso de personalización de los productos —incluyendo grabados y serigrafías tanto en termos de vidrio como de acero— y el control de calidad del 100% de los productos que comercializamos, tanto los fabricados en Argentina como los importados. De esta manera, Lumilagro mantiene parte de su actividad productiva, empleo y supervisión industrial en el país”, resaltó.

«Hemos pasado malos momentos; en 1999 fue muy grave. Nos salvó la crisis del 2001 que devaluó y el tipo de cambio hizo que todas las industrias sean muy competitivas. Desde el 2002 hasta el 2013 fue una muy buena época», agregó.
El empresario explicó que en 2012 batieron récords de ventas y cómo enfrentaron la llegada de productos extranjeros, pero hoy la situación es muy distinta a la de aquellos años dorados.
El ajuste en la plantilla de trabajadores refleja el drama social detrás de los números. De los 350 empleados que llegaron a tener en 2013, hoy solo quedan 50 directos: «En 2022 teníamos 220 trabajadores, pero en los últimos dos años tuvimos que reducir el plantel y 170 personas se fueron con retiro voluntario. Fue un proceso dolorosísimo», confesó Nadler.
Además de la crisis económica, Lumilagro denuncia una falta total de controles que pone en riesgo a los consumidores. Según Nadler, en el país se consumen 4 millones de termos por año, pero entra la misma cantidad solo por contrabando desde Paraguay y el norte. Estos productos no cumplen con ninguna norma de seguridad: «Son termos tóxicos y truchos. Cuando están en contacto con agua caliente, desprenden metales cancerígenos», y alertó que el Estado no hace nada para frenar esto con el objetivo de bajar precios a cualquier costo.
En su planta de Tortuguitas, el trabajo cambió por completo. Ya no se fabrica el corazón del termo, sino que se dedican a la personalización con serigrafía de escudos de fútbol o personajes de Disney. Mientras tanto, analizan si conviene seguir fabricando botellas térmicas en el país o si terminan importando absolutamente todo de China.