Guillermo Karcher, quien fuera uno de los colaboradores más estrechos de Jorge Bergoglio durante más de tres décadas, compartió detalles inéditos sobre la decisión del papa Francisco de no regresar a su país natal tras ser elegido sumo pontífice en 2013. En una entrevista concedida al programa de Radio Zónica, Karcher explicó que la razón principal radicó en la vocación universal que asumió Francisco al aceptar el papado.
Según relató Karcher, apenas días después de la elección papal y de su aparición en el balcón de la basílica de San Pedro, ante una consulta sobre un posible viaje a Argentina, el pontífice respondió de manera tajante: “No, porque me tuvieron 76 años, ahora me toca servir al mundo”. Esta frase, pronunciada en privado, definió desde el inicio la agenda del Papa, quien priorizó una misión global por encima de los lazos con su tierra de origen.
Karcher, quien conoció a Bergoglio en 1992 cuando fue designado maestro de ceremonias en la catedral de Buenos Aires -coincidiendo con la llegada del futuro Papa como obispo auxiliar-, mantuvo una relación cercana y cotidiana que se extendió durante 33 años, tanto en Argentina como en el Vaticano. Describió ese vínculo como familiar y directo: el Papa solía bromear sobre la jerarquía con frases como “Usted me debe más respeto a mí que yo a usted”, en alusión a que lo había recibido tanto en Buenos Aires como en Roma.
El colaborador destacó que Francisco asumió el pontificado en una edad en la que muchos obispos ya se jubilan (la norma eclesiástica establece los 75 años como límite habitual). Sin embargo, optó por continuar sirviendo, pero ya no limitado a una diócesis o a un país, sino al mundo entero. “Le dije ‘bueno, ahora te toca de nuevo ponerte al servicio de’, y él optó por el mundo”, recordó Karcher, quien definió al Papa como “el párroco del mundo”.
Esta perspectiva global se reflejó en la preferencia del pontífice por las periferias, las problemáticas sociales y la creación de procesos dentro de la Iglesia. Karcher lo comparó con la parábola del sembrador: “Sembró muchísimo. A él le gustaba crear procesos”.
Además, Francisco mantuvo una apertura total hacia todo tipo de personas, sin importar su origen o trayectoria. Instruyó expresamente a Karcher para que atendiera a los argentinos que se acercaban al Vaticano (“Ocupate de los argentinos”), pero sin excluir a nadie. Al revisar listas de audiencias, el Papa solía decir: “A mí no me interesa conocer el currículum de ninguno”. En ese contexto, Karcher recordó que figuras como Cristina Kirchner “fue siempre bien recibida” y que Javier Milei, durante su visita, tuvo un trato “muy simpático” y cordial.
La revelación de Karcher confirma lo que durante años fue una de las preguntas más recurrentes sobre el pontificado de Francisco: su ausencia física de Argentina no respondió a rechazos personales o políticos, sino a una convicción profunda de universalidad en su ministerio petrino. Tras esa respuesta inicial, Karcher nunca volvió a insistir en el tema, respetando la firme determinación del Papa.