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Vacaciones: ¿desconexión o presión social?

El dilema de las vacaciones se centra en si deben ser un tiempo de descanso o de entretenimiento. Especialistas sugieren que es fundamental planificar actividades sin pantallas y fomentar el juego físico para disfrutar plenamente.

¿Estar de vacaciones es no hacer nada o hacer algo distinto? La pregunta parece simple, pero encierra un debate cada vez más presente en las familias. Con el fin de las clases, el “gran ordenador social”, chicos y adultos quedan frente a un tiempo sin horarios claros y con un desafío nuevo: aprender a disfrutar sin que todo pase por la pantalla.

Especialistas advierten que muchos niños llegan a las vacaciones con la idea de que deben estar entretenidos todo el tiempo. “Estar de vacaciones es otra cosa: es poner en juego la imaginación y pensar con qué rellenar ese tiempo sin colegio”, señalan. Para los más chicos, hasta los seis o siete años, el asunto es sencillo: un baldecito, un poco de arena o una manguera alcanzan. El problema aparece cuando crecen y el aburrimiento se vuelve constante.

Sin la rutina escolar, se desordenan horarios de sueño, comidas y uso de la tecnología. El exceso de pantallas altera los ciclos de descanso: la luz azul retrasa el sueño y en adolescentes puede provocar irritabilidad y cansancio acumulado. “Más pantallas es menos descanso verdadero”, resumen los profesionales.

A esto se suma otro fenómeno: la necesidad de mostrar. Las redes sociales instalaron la idea de que las vacaciones solo existen si se publican. Fotos de playas perfectas y sonrisas eternas construyen una realidad que no siempre es verdadera y que genera frustración en quienes comparan su vida cotidiana con ese espejo digital. “Uno no postea cuando está triste; lo que se muestra es una realidad falsa y muchos chicos creen que es la verdad”, advierten.

Frente a este escenario, las recomendaciones son claras. Lo primero es el diálogo: planificar con los hijos qué se hará durante el receso, poner acuerdos y límites. También cuidar lo básico —agua, protector solar— y garantizar actividades sin pantallas, donde vuelva el juego físico y compartido. “En el juego se pierde, se gana, se empata: esa es la vida”, recuerdan.

Para los adultos el dilema es similar. Algunos asocian vacaciones con viajar lejos; otros eligen descansar en casa. Lo importante, coinciden los especialistas, es poder desconectar de la lógica productiva y de la obligación de exhibir cada momento. Incluso el aburrimiento puede ser valioso: existe un “aburrimiento bueno” que habilita la creatividad, y otro “malo”, ligado al scrolleo infinito y la evasión.

Las vacaciones, entonces, no serían un vacío, sino un cambio de contenido: dejar las actividades habituales para abrir lugar a otras. Un tiempo necesario para frenar, recuperar energía y, sobre todo, volver a conectar con la experiencia propia, sin la presión de tener que demostrarla. La pregunta final queda abierta: ¿las disfrutamos o solo las mostramos?